Que tal si saltamos por los prados sin temer la caída, que tal si nos asomamos a la orilla del riachuelo que no cesa y miramos por aquel horizonte que se aleja y se acerca a nuestro capricho, correr de aldea en aldea a festejar que otro día nos espera, simplemente otro día y volver por otra noche sin temor a lo oscuro.
Que tal si seguimos evitando que la brisa interior reseque el pasto y robe simplemente lo maravilloso, que tal si dejamos que los racimos morados que jugaron al escondite por dos años salgan al descubierto o al menos que los pétalos jueguen a ser hojas de otoño y bailen felices por despedirse del suelo porque si lo pensamos mejor tal vez todo era cosa de tomar el pincel y derramar toda aquella hermosa belleza.
